En muchos lugares a los menores no se les ofrece el derecho a vivir una infancia donde lo único que importa es divertirse y pasárselo bien. Se les priva de este derecho y son víctimas del tráfico de personas, esclavizados, obligados a prostituirse, reclutados por la fuerza a realizar actividades peligrosas… y podemos hacer una larga lista.
En países pobres, las famílias que no tienen suficientes ingresos necesitan que sus hijos trabajen para poder mantener a la família. Otra causa suele ser por deudas paternas que les convierten en esclavos, es decir, los padres entregan a sus hijos a usureros para así cancelar sus deudas y estos les explotan.
El trabajo infantil interesa a muchos empresarios porque a los niños se les paga menos y son más manejables y vulnerables a todo tipo de abusos o amenazas. Pero al contratar niños, muchos adultos no tienen trabajo, lo que perpetúa las condiciones de precariedad de las famílias y provoca la necesidad de que más niños trabajen.
La esclavitud, actualmente, son aquellos niños que son separados de sus familias por engaño o para saldar una deuda. Debido a que el dueño del esclavo le ofrece comida y un hogar al esclavo, nunca se anula la deuda, y está condenado a ser esclavo para el resto de su vida.
Las víctimas del tráfico pueden ser vendidas, engañadas, y forzadas para ser introducidas en situaciones de las que no pueden escapar fácilmente. Muchas son obligadas a trabajar en la industria del sexo, en la prostitución o en la pornografía. No siempre se utiliza la violencia con las víctimas, en muchos casos los traficantes se aprovechan de su vulnerabilidad y del sentimiento de que no pueden elegir libremente.
En muchos casos las víctimas son traficadas de los países pobres a los industrializados ya que para los traficantes constituye una ventaja introducir a sus víctimas en un ambiente desconocido del que no saben nada, y donde no son sólo vulnerables por su entrada ilegal, sinó también por su desconocimiento de las leyes, la cultura y el idioma del país al que les llevan.
La explotación sexual de los niños mediante la prostitución es un viejo y extendido problema. En muchos países ha existido durante siglos como parte de tradiciones históricas y culturales.
Los niños son mucho más vulnerables a las enfermedades de transmisión sexual que los adultos, y sus cuerpos pueden ser dañados más fácilmente. Los menores que son explotados generalmente no están en posición de negociar relaciones sexuales más seguras; tampoco, por su especial situación, no pueden acceder a educación sexual que les ayude a prevenir contagios.
Los efectos psicológicos de la explotación sexual son difíciles de evaluar, pero no por ello son menos perjudiciales para los niños. Muchas víctimas presentan sentimientos de vergüenza, culpa y una baja autoestima. Muchos niños creen que no son dignos de ser ayudados. Otros niegan la realidad y se autoconvencen de que eligieron libremente la prostitución para ayudar a sus famílias, o que su proxeneta es realmente un amigo que les da afecto y protección. Muchos también padecen estigmatización social y sufren al darse cuenta de que fueron traicionados por alguien en quién habían confiado ciegamente.
Glòria Ibars

